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Ruido negro: cómo perjudica tu salud los infrasonidos

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Los infrasonidos son las ondas acústicas cuya frecuencia es menor a 20 hertzios. Son sonidos que no oímos, ya que nuestro oído percibe aproximadamente frecuencias entre 20 Hz y 20 kHz. Hay personas que los pueden apreciar fugazmente como un silbido o un zumbido, que nada tienen que ver con, por ejemplo, el sordo sonido del motor del frigorífico o el fino pitido que hacen los ordenadores. Pero, aunque no escuchemos ese ruido negro, tiene consecuencias sobre nuestra salud.

“El ruido negro afecta a nuestra salud”, nos comenta David Baeza Moyano, profesor adjunto del Grado en Óptica y Optometría y experto en fotobiología, de la Universidad CEU San Pablo. Es cierto que con los infrasonidos no nos duelen los oídos, como sucedería si nos encontrásemos a menos de 25 m del despegue de un avión. Como hemos comentado, no se oyen, por lo que nuestros órganos auditivos no los sienten, como ocurriría si estuviésemos en medio de una mascletá, que supera los 120 dB. Pero sí son absorbidos por nuestro organismo. Esos sonidos inaudibles son ondas acústicas. “Cuando ponemos la mano sobre la puerta de la nevera, aún cuando el motor no suena, notamos un temblor. Y esa vibración llega al suelo”, dice David Baeza. Y a través del aire y del piso son absorbidas por todo nuestro organismo.

Esa oscilación entonces “se convierte en calor y nuestro organismo lo considera entonces como algo nocivo, como la fiebre”. ¿Y qué hace nuestro sistema inmunológico cuando hay una subida de temperatura? Defenderse, siempre. “Se disparan las catecolaminas (un tipo de hormona) y, por tanto, el estrés”, afirma Baeza Moyano.

Y para advertirnos de que algo no va bien, además, en casos muy extremos, nos envía señales que nos hacen sentir mal, como:

Cefaleas.
Vómitos.
Mareos.
Fatiga.
Agresividad.
Ansiedad.
Pánico.

También el llamado síndrome de La Habana, como se conoce a unos raros ataques contra diplomáticos de EE.UU. que provocaban entre otras cosas daños cerebrales, se ha relacionado con los infrasonidos. Se especuló con la posibilidad de que otro país “hubiera desarrollado un arma infrasónica, pero actualmente no se sabe qué es exactamente lo que produce estos síntomas”, afirma David Baeza.

De dónde proceden las emisiones de ruido negro
Actualmente esos infrasonidos suelen proceder de electrodomésticos, como los equipos de refrigeración y ventilación de comercios, máquinas, turbinas eólicas… El rodamiento de las ruedas de los vehículos, sobre todo tractores, autobuses y camiones, generan infrasonidos. De hecho, los conductores son los que más los sufren, aunque parece ser que esas oscilaciones imperceptibles también llegan a las viviendas cercanas a carreteras, autovías o autopistas. “Cuando conduces durante horas te sientes irritado y no sabes por qué. La respuesta es la absorción de la vibración del coche”, afirma el experto.

Los infrasonidos no se oyen, por lo que nuestros oídos no los sienten, pero nuestro organismo absorbe sus ondas acústicas

No obstante, los infrasonidos siempre han estado entre nosotros, incluso en la época preindustrial. Esa sensación de abatimiento y tristeza que nos invade en zonas donde hay acantilados y faros, o en los bosques, podría no ser más que el silbido de las ondas infrasónicas. “Los truenos también emiten estas ondas junto al ruido audible. Por eso uno siente como un espasmo o una ligera contracción pulmonar, o incluso como un sobresalto del corazón”, señala Baeza. Los volcanes o los terremotos también generan esas vibraciones infrasónicas, que hoy los habitantes de La Palma perciben inconscientemente.

Pero hay más ejemplos de cómo el ruido negro nos envuelve y nos hace ver lo que no hay. El científico Vic Tandy y sus colaboradores “cuando estaban en una zona de su laboratorio notaban frío, como que algo les atravesaba. Una noche vio una figura en el rabillo del ojo, como si alguien estuviera mirándole fijamente, oían ruidos de pasos amortiguados”, nos relata David Baeza. ¿Fantasmas, quizás? No, como todo científico, su mente era poco dada a creer en acontecimientos paranormales y pensó que podían ser infrasonidos.

Con un aparato de medición detectó que en una zona, a causa de la vibración de las máquinas, había ondas infrasónicas de unos 7 Hz. “Esas ondas las absorbe el nervio óptico y lo hace vibrar, dando lugar a trasmisión sináptica al cerebro. Pero la información que llega a través del nervio óptico no se corresponde con lo que las células fotosensibles de la retina detectan y llevan al córtex visual. No existe la trasmisión de una imagen real, por eso las personas tienen la sensación como de una mancha o nebulosa que se desplaza a su alrededor. Es decir… fantasmas”, aclara David Baeza.

Cuando alguien, sea creyente o no, entra en una iglesia y escucha la música que emite el órgano, percibe sensaciones que atribuyen a la espiritualidad del entorno pero, ¿no serán los infrasonidos? “Los tubos largos de los órganos tienen capacidad de emitir junto al sonido audible ondas infrasónicas”, señala el experto. Sarah Angliss, especialista en música y electroacústica, diseñó un tubo de 7 m que permitía emitir frecuencias de unos 17 Hz. Probó el tubo en una sala de conciertos con un auditorio de 750 invitados. Al final del recital les pidieron que describieran qué habían sentido. El 22% afirmó haber tenido escalofríos que recorrían su columna vertebral, sensaciones en el estómago, aumento de la frecuencia cardiaca. Otros afirmaron que les provocó sentimiento de nostalgia, pena y tristeza, o incluso el recuerdo de una persona querida ya fallecida.

Cómo podemos defendernos del ruido negro
El problema es que no es fácil defendernos de esos sonidos, precisamente porque no los oímos e ignoramos que están ahí. “Si oímos ruido muy alto nos duelen los oídos y nos alejamos, pero frente a los infrasonidos no estamos preparados. Tan solo tu organismo te dice: aquí hay algo que no sé lo que es, pero es tóxico”, señala el profesor David Baeza. Por eso los cascos que se venden para evitar los infrasonidos no sirven para nada.

Y la legislación no dice nada al respecto. Ni en nuestro país, ni en otros. “En Europa solo se ha legislado el sonido audible y parcialmente sobre ultrasonidos. Hay dos directivas en vigor sobre los límites de ruido audible permitidos, una para los puestos del trabajo y otra de nuestro entorno”, apunta David Baeza.

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